Sociedad de responsabilidad limitada. Por Sergio Schneider.

El Estado, en el Chaco, ha ido transformándose en un fin en sí mismo. Cada vez más las políticas públicas tienen que ver con sustentar su aparatosa dimensión y con justificarla que con hacerlo actuar como herramienta de transformación positiva de la realidad de los habitantes de la provincia. Aunque se diga lo contrario, claro, porque también sucede eso: la historia y el presente nos han colmado de dirigentes que, mientras predicaban fantásticos saltos modernizadores, se sentían muy cómodos con la medieval fórmula política de hacer clientelismo con el empleo público.

E l resultado es lo que todos conocemos: una provincia en la que desde hace décadas la noticia más importante de cada mes es la fecha de pago a los empleados públicos y en la que el grueso de los ingresos provinciales se consume en sostener una estructura burocrática que, a cambio, brinda servicios de pésima calidad.

Pum para arriba

Recopilar información sobre la evolución de la plantilla de personal del Estado provincial permite ver que se equivocan aquellos que sostienen que en el Chaco faltan políticas “de fondo” que trasciendan a los distintos colores políticos de los gobiernos de turno. Pues no: la incorporación de nuevos agentes al sector público ha sido una doctrina abrazada por casi todas las administraciones que surgieron del voto popular a partir del retorno democrático de 1983.

Es difícil hallar datos sobre el empleo público en el Chaco previos a la restauración de la constitucionalidad en el país. Pero en los ’90 el Ministerio del Interior hablaba de 23.000 a 26.000 agentes provinciales en total en esta jurisdicción antes de las elecciones que pusieron fin a la dictadura militar.

Lo cierto es que en el primer presupuesto de la gestión de Florencio Tenev, la figura justicialista ungida como gobernador por los comicios de octubre del ’83, aparece un total de 28.134 empleados, que se incrementaron levemente al año siguiente (apenas 25 agentes más, ver cuadro) e incluso se redujeron a 27.880 en 1986, una señal de austeridad que, vista desde nuestro presente, casi mueve a la ternura.

En el sitio de información legislativa de la Cámara de Diputados no fue posible obtener los datos de los presupuestos 1987 y 1988, pero –observando el dato de 1989- es evidente que allí algo pasó. En principio, hay que recordar que el ’87 fue un año electoral. Aquella vez el PJ pudo retener la gobernación a duras penas, y Danilo Baroni asumió como sucesor de Tenev. Es posible que el recambio haya generado un aluvión de nombramientos de personal que explica los casi ocho mil empleados más que aparecen en 1988.

Empezaba la gran gesta chaqueña.

Escalones y mesetas

En octubre de 1991 se produce el batacazo de Acción Chaqueña, que vence agónicamente al justicialismo. A la gobernación llega el médico Rolando Tauguinas. Recibe la provincia con varios miles de trabajadores estatales más: en su primer año de gestión son 38.565. Diez mil empleados más en ocho años de democracia.

La oposición aprueba pases a planta y en 1993 la grilla de personal vuelve a moverse hacia arriba, pero desciende en 1994 por retiros voluntarios y otras medidas. La tendencia cambia en el ’95, un caliente año electoral en el que el Chaco pasa la barrera de los 40.000 estatales.

Llega el radical Angel Rozas, que contra lo que se podría suponer mantuvo la cantidad de empleados públicos a raya. En 2003, el último de sus ocho años de gestión, los estatales son 40.606, casi la misma cifra con la que había asumido el poder.

Llega el turno de otro hombre de la UCR, Roy Nikisch. En su año de despedida, 2007, los cargos presupuestados en el Estado son 43.842. Un escalón más luego de la meseta.

Una bisagra

Llega entonces Jorge Capitanich. En los dos mandatos del gobernador del Frente Chaco Merece Más la cantidad de empleados aumentará más que en los veintitrés años previos, con la ayuda de nuevos “pases a planta” resueltos por la Legislatura. El cuadro que acompaña estas líneas es bastante ilustrativo al respecto. En 2008 los estatales ya son más de 48.000, y en 2012 quedan a dos unidades del hito de los 50.000.

Al año siguiente caen todos los diques: la administración supera la barrera de los 60.000 empleados, que no dejan de aumentar y se vuelven 64.133 en el año del recambio, 2015, que marca la llegada de Domingo Peppo que fue Ministro de Gobierno de Capitanich y Presidente del Instituto de Vivienda. El presupuesto 2018, ahora, prevé 69.663 trabajadores en el Estado. Estamos a un paso de quebrar una nueva marca.

En síntesis: hoy el Chaco tiene 41.529 empleados públicos más que aquellos 28.134 de 1984. Dos veces y media más, en una provincia cuya población se incrementó bastante menos que eso (una vez y media).

En zona roja

Está claro que la nuestra no ha sido la única jurisdicción con una tendencia creciente en materia de personal estatal, pero sí una de las que más aplicó esa política, distorsionando su mercado laboral y reduciendo notoriamente la capacidad del Estado de destinar recursos no a alimentar a su propia burocracia sino a fomentar actividades productivas y comerciales que generen empleo genuino y dinamicen la economía local.

De hecho, las cifras mencionadas antes revelan que las escasas primaveras económicas del país, aquellas que –por factores internacionales transitorios- mejoraron los ingresos de las provincias, fueron utilizadas aquí no para transformar y desarrollar, sino para financiar una superpoblación de las oficinas públicas ligada a estrategias electorales.

Contra lo que sucede en sociedades verdaderamente modernas -y en las provincias más poderosas de nuestro país-, en el Chaco la realidad dictamina que el empleo público es el más cotizado del mercado del trabajo. Nuestra provincia es una de las siete en la que mayor es la brecha entre la cantidad de empleos estatales y privados (136 puestos en el Estado por cada 100 fuera de él), sino que además el salario promedio que perciben los primeros supera holgadamente al que reciben los segundos (un 50,9 % más).

El prestigioso sitio Chequeado.com ubicó al Chaco como la provincia en la que más creció el empleo público (un 64%) entre 2007 y 2013, y el año pasado el Ministerio de Hacienda de la Nación la presentó como el segundo distrito (sólo superado por Santa Cruz) en el que más se incrementó el empleo público entre 2003 y 2016.

Encapsulados

Por último, toda esta deformación sirve además para mejorar artificialmente indicadores como la tasa de desocupados. Con semejante legión de trabajadores en el Estado, a quienes deben sumarse cooperativistas y beneficiarios de planes sociales que en realidad son empleados indirectos de la administración oficial, las estadísticas oficiales siempre muestran al Chaco como un distrito en el que prácticamente impera el pleno empleo.

Por eso no puede sorprender la paulatina expansión a casi todas las áreas de normas y acuerdos que privilegian el ingreso al sector público de los hijos de sus empleados una vez que éstos se jubilan o retiran. Es la cereza en el postre: el Estado como un universo aparte, que se reproduce en un mundo inaccesible para el resto.

Con todos estos ingredientes, visto desde el ángulo de quienes se alternan en el poder político, la incansable industria del empleo estatal es un negocio redondo. El precio es la imposibilidad de ser otra sociedad, con otras chances de desarrollo. Pero lo pagan otros.

Porque lo peor de todo no es la superpoblación del Estado en sí misma (y por eso este texto no postula que se la resuelva a fuerza de despidos u otras medidas que generarían una convulsión social, ni cree que tal cosa sea posible). Lo peor de todo es que no sirve de nada. En los hospitales los usuarios siguen escuchando que los atienden mal porque falta personal; en las escuelas la calidad educativa posee el mismo nivel de existencia que los gnomos del bosque; en las calles no hay la seguridad que debería haber y en cualquier trámite ciudadano lo que sobran son obstáculos, no soluciones.

Pero sigamos así, que –como se decía en los años de la plata dulce- si el cielo hace su aporte con una buena cosecha zafamos todos.

AÑO Cantidad de agentes del estado provincial Chaco
1984 28.134
1985 28.159
1986 27.880
1987 sin datos
1988 sin datos
1989 35.666
1990 37.954
1991 sin datos
1992 38.565
1993 39.339
1994 38.358
1995 40.684
1996 40.511
1997 40.430
1998 40.931
1999 sin datos
2000 40.897
2001 sin datos
2002 40.608
2003 40.606
2004 40.571
2005 42.916
2006 43.112
2007 43.842
2008 48.062
2009 49.481
2010 49.115
2011 48.811
2012 49.998
2013 60.073
2014 64.072
2015 64.133
2016 64.249
2017 69.280
2018 69.663

 

Fuente: DIARIO NORTE

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