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Día del Estudiante, en un año sin “rituales”, ni viajes ni fiesta de graduación

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Los estudiantes que terminan la secundaria en medio de la pandemia de coronavirus se vieron interpelados por la nueva realidad. Cómo acompañarlos.

Quinto año, el viaje de egresados, la fiesta de graduación… Claramente el 2020 no fue el mejor año para los alumnos que terminaban la secundaria. Este Día del Estudiante los pondrá una vez más de cara a las frustraciones que la pandemia de coronavirus trajo consigo: aunque busquen diferentes estrategias, algunas cuestiones quedarán reducidas al orden de lo imposible y, ante ello, habrá que buscar nuevas opciones.

Acompañar, y no "compensar"

“Hay situaciones que son del orden de lo irreversible, de la renuncia, de la aceptación”, dijo a Clarín Alejandra Libenson, psicóloga y psicopedagoga especialista en educación, crianza y nuevas parentalidades. Al respecto, la especialista explicó que “los más grandes se han quedado sin estos espacios de ritual, de cierre, de despedida, de conclusión de una etapa; es una ilusión que no se concreta”.

Sin embargo, y aunque ratificó que “hay que aceptar que es así, porque es realmente una situación de pérdida, que no es reversible”, aclaró que ciertos festejos, ceremonias o tradiciones de esta etapa “se puede transformar, se pueden convertir en otros rituales que si bien no reemplazan idénticamente a lo deseado o imaginado, también lo pueden hacer único, diferente e importante”.

Mientras tanto, ¿cuál es el lugar de los adultos en este contexto? Según Libenson, “los padres, madres y referentes afectivos deben acompañar a atravesar este dolor y no intentar compensarlo, sino darle lugar al espacio de la protesta, del enojo y de la tristeza”.

Para Sergio Farinelli, consultor e investigador en infancia, “el rol de los padres en esta etapa es clave. Muchas veces, los adolescentes encuentran en el diálogo con sus padres las respuestas y las palabras que se transforman en conductoras de aprendizajes. Enseñarles y ayudarlos a aceptar lo que no se puede cambiar es un ordenador muy importante en este momento”.

El especialista mencionó que aunque “este impacto no ha trazado a todos los adolescentes por igual, sí ha desencadenado denominadores comunes tales como tristeza, angustia, aburrimiento y falta de certezas”. “Los jóvenes hoy no saben qué deviene en el mañana, no saben qué estudiar y tampoco saben por qué sus egresos no tienen final. Todas estas son muchas preguntas para quienes buscan respuestas en lo inmediato, tal como ocurre con los adolescentes”, añadió.

Sostener los vínculos

Farinelli acotó que “la pandemia los privó de cerrar una etapa por demás importante, la cual marca un antes y después, tal como es el egreso, el viaje y las despedidas de sus compañeros con quienes formaron por varios años un vínculo de aprendizaje y socialización”.

Por su parte, la psicóloga y psicopedagoga mencionó que “el impacto va a depender de la forma en que cada familia y cada institución transforme esto que no se puede hacer de forma clásica en algo que, de alguna forma, permita el cierre y la revisión de una etapa”.

En ese marco, Libenson destacó también la importancia de los vínculos que los adolescentes formaron en la escuela, los cuales necesitan ser promovidos por los adultos, aunque no deberían correr riesgos pese al contexto.

“Los lazos sociales se construyen, y algo que ya venía construyéndose a lo largo de la secundaria no lo va a destruir una pandemia, si ese lazo es fuerte, sostenido y mantenido en el tiempo. Pero para eso hay que fomentarlo, hay que estimularlo. Creo que los adultos que estamos alrededor podemos colaborar para que así sea y evitar el aislamiento y el distanciamiento”.
 
CLARIN.-

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