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Daniel Capitanich retoma este martes su cargo como embajador en Nicaragua

El chaqueño había sido llamado a consultas en Buenos Aires en junio por la situación política del país centroamericano. Ahora el Gobierno lo repuso para contar con “información de primera mano” desde Managua tras la reelección de Daniel Ortega, en elecciones que muchos países califican como fraudulentas por la persecución a opositores.
Daniel Capitanich, embajador argentino en Nicaragua, retomará sus funciones este martes en la sede diplomática de Managua. El gobierno argentino decidió que retorne a su destino diplomático porque necesita “información de primera mano” e informó que tomó esa determinación porque el país tiene decidido “abandonar la OEA”, luego de la realización de elecciones que numerosas naciones del mundo calificaron como fraudulentas y que determinaron la re-reelección de Daniel Ortega.
Capitanich, hermano de Jorge, el actual gobernador de la provincia del Chaco, había sido llamado a consulta a Buenos Aires el 22 de junio de este año. “El llamado a consultas del embajador Capitanich tuvo un propósito: expresar la disconformidad argentina con las detenciones de líderes políticos y nuestra preocupación sobre la situación de los derechos humanos en Nicaragua”, señalaron desde la Casa Rosada.
En ese marco, teniendo en cuenta que ya se desarrollaron las elecciones presidenciales en ese país, que Argentina ya dejó sentada su posición y que la Asamblea de Nicaragua solicitó al presidente Daniel Ortega que retire a su país de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Gobierno argentino cree “necesario adoptar nuevas medidas para esta nueva etapa”.
Según se explicó, el Gobierno nacional considera necesario “el trabajo en el terreno del embajador argentino, con su apreciación para que mantenga informada a la Cancillería sobre la situación poselectoral y las derivaciones que pueda llegar adoptar el Consejo Permanente de la OEA respecto a Nicaragua”. Capitanich arribó este lunes a Managua y luego de solucionar algunos temas administrativos reanudará sus funciones en la embajada.
“La Argentina siempre apuesta al diálogo como salida y los embajadores son vitales para hallar soluciones eficientes y viables en la actualidad. El retorno del embajador Capitanich busca aportar a la identificación de caminos alternativos para solucionar la crisis entre todos los nicaragüenses”, sostuvieron las fuentes.
Además, remarcaron la necesidad de “preservar” la relación bilateral, en el marco de la asistencia habitual al comercio y a los ciudadanos y empresas argentinas en Nicaragua, e informaron que se continuará colaborando con el pueblo nicaragüense en el marco de la pandemia de coronavirus, con la donación de vacunas que realizó la Argentina para los ciudadanos de ese país.
El pasado 13 de noviembre, Alberto Fernández ejecutó un giro político en su política exterior en relación a Nicaragua: acompañó en la Asamblea General de la OEA un proyecto de Resolución avalado por Estados Unidos y otros 8 países que condena la farsa electoral montada por Daniel Ortega, quien está en el poder desde 2007, cuando antes hacía prevalecer el principio de no injerencia en los asuntos internos de los países.
Es más, el 8 de noviembre, luego de los comicios, el gobierno argentino hizo una declaración pública en la que evitó condenar los comicios fraudulentos. En un escueto comunicado, Cancillería manifestó que mantiene su “tradición diplomática de no injerencia en cuestiones internas”.
“A horas de haber finalizado el acto eleccionario, mantenemos nuestra tradición diplomática de no injerencia en cuestiones internas en otras naciones”, estableció en su párrafo central la declaración del ministerio encabezado por Santiago Cafiero.
“La República Argentina ratifica su histórico compromiso con la defensa de los Derechos Humanos y apoya con firmeza el trabajo de la Alta Comisionada de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, respecto de la situación en Nicaragua”, consignó el comunicado.
Además, el Gobierno argentino -en ese momento- había reiterado su “preocupación ante la detención de dirigentes opositores” y “la necesidad de que el gobierno nicaragüense vele por el respeto de los derechos humanos de toda la población”.
“En Argentina entendemos que la democracia supone respetar la diversidad ideológica y la participación cívica sin proscripciones. Debemos acompañar al pueblo de Nicaragua para que cuanto antes recupere el diálogo y la convivencia democrática”, concluyó el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores en ese momento.
El mandatario sandinista obtuvo el 74,99% de los votos, con lo que se garantizó su tercera reelección consecutiva y la segunda junto con su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta, de acuerdo con los datos del Consejo Supremo Electoral (CSE), afín al régimen sandinista. Todos los candidatos opositores fueron detenidos en los días previos a las elecciones. Solamente participaron otras 5 listas cercanas al gobierno de Ortega, que apenas pudieron sumar poco más del 20% de los sufragios.
Ni bien terminaron las elecciones el presidente de Estados Unidos, Joseph Biden las calificó como una “farsa”, la Unión Europea expresó que “carecen de legitimidad” y el gobierno español, a través de su ministro de Relaciones Exteriores, José Manuel Albares, sostuvo que habían sido “una burla al pueblo de Nicaragua, una burla a la comunidad internacional y sobre todo una burla a la democracia”.
INFOBAE.-

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